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Semillas de Aguaymanto (Physalis peruviana) - Ecotipo Colombiano

Semillas de Aguaymanto (Physalis peruviana) - Ecotipo Colombiano

Physalis peruviana - Ecotipo colombianoSOLANÁCEA - AGUAYMANTO - ECOTIPO COLOMBIANO Origen: Cel..

S/.15.00 Ex Tax: S/.15.00

PHALEONOPSIS

PHALEONOPSIS

Las orquídeas tienen la reputación de plantas difíciles de cultivar, no aptas para manos inexpertas. En realidad son unas grandes incomprendidas. Algo que se soluciona con un poco de información. Las Phalaenopsis u orquídeas mariposa son, entre ellas, la opción estrella. Además de exuberantes, toleran fácilmente las condiciones del interior de nuestras casas.

Las orquídeas que tienes son de un género llamado “Phalaenopsis“. Todas las especies de este género tienen un rasgo característico: sus flores son semejantes a las alas abiertas de una mariposa. Así que el botánico que las descubrió, en un momento de inspiración, fue a lo que hizo referencia.

A las Phalaenopsis además de por orquídeas mariposa, también se las conoce por orquídeas alevilla y orquídeas boca.

Las orquídeas mariposa son plantas epífitas: no enraízan en el suelo, sino que utilizan un huésped como soporte (generalmente árboles), para ganar altura y alcanzar la condición lumínica adecuada. De esta tarea se encargan unas raíces grandes y fuertes, de color verde, capaces de realizar la fotosíntesis y que a veces se escapan de la maceta buscando la luz.

A poca distancia de las raíces (disponen de un tallo corto) nacen las grandes hojas: alargadas, de color verde intenso y con el nervio central muy marcado. Las hojas tienen la virtud de almacenar la humedad, por lo que si las tocas, verás que tienen un tacto carnoso.

En la floración, estas orquídeas generan unas varas largas que tendrás que entutorar para evitar que se doblen. De cuyas yemas salen las flores, pueden ser de varios colores dependiendo de la variedad (blancas, rosas o incluso moteadas). Las flores se dice que recuerdan a mariposas, de ahí su nombre. Más concretamente se parecen a polillas tropicales.

Muchas de las orquídeas cultivadas en interior tienen fama injustamente de plantas delicadas. Y lo que ocurre, sin embargo, es que poseen diferencias notables con el resto de especies que hay que conocer. La más destacada es que en su medio natural no viven en la tierra sino aferradas con sus raíces a las ramas de los árboles. De esta manera pueden acceder a la codiciada luz en las selvas tropicales.

Las “Phalaenopsis” u orquídeas mariposa son, entre esta familia de plantas, de las menos exigentes en sus cuidados. Por eso, además de por su belleza, son tan populares en muchos hogares.

Estas orquídeas epífitas, en su hábitat extraen la humedad del aire, la lluvia o de la corteza mojada del propio árbol. Por lo tanto no les gusta los sustratos demasiado húmedos y mucho menos el encharcamiento. Necesitan una base que fundamentalmente sirva de sustento a las raíces.

El contenedor ideal para las Phalaenopsis debería de ser transparente, ya que las raíces también realizan la fotosíntesis. Además éstas, que en buenas condiciones de hidratación lucen de color verde, cuando les falta agua se vuelven blanquecinas dándote una valiosa pista para su riego.

Como las orquídeas mariposa son tropicales, no les gusta nada el frío, por lo que aquí son irremediablemente plantas de interior. Se encuentran cómodas entre los 15ºC y los 30ºC. Eso sí, cuanto más cerca de los 30ºC con más frecuencia deberás pulverizar sus hojas.

Tampoco les gusta el sol directo, en su lugar de origen las copas de los árboles filtrarían la luz. Por tanto, en casa lo mejor es que las coloques junto a una ventana pero con una cortina traslúcida. Si las hojas reciben la luz directa se quemarán.

Un truco para forzar la floración de tu orquídea es aumentar ligeramente su iluminación y el contraste de temperatura entre el día y la noche. Si normalmente se encuentra a dos metros de la ventana, acércala un poco más. Y por las noches cámbiala a un lugar más frío (una galería resguardada puede servir).

Puedes regar tu orquídea por arriba a la manera tradicional, siempre que tengas cuidado de no mojar el cuello de la planta. Pero la mejor manera es por inmersión: sumerge el tiesto en un recipiente con agua durante unos minutos, hasta que veas que las raíces están bien hidratadas. Te darás cuenta al observar que han recuperado su color verde de siempre. Luego deja escurrir bien toda el agua sobrante. Para tal fin, el clásico platito es una buena idea, pero acuérdate de retirar el agua o tu orquídea enfermará.

Si en cambio al mismo plato le colocas unos guijarros o graba de tal manera que la maceta no esté en contacto con el líquido sino con las piedras, conseguirás algo muy beneficioso. Será como simular ciertas condiciones de humedad ambiental muy necesarias para la planta.

Pulverizar con regularidad las hojas y las raíces aéreas también es muy recomendable. Pero evita mojar las flores.

¿La frecuencia del riego…? dependerá del tipo de sustrato, la temperatura y la humedad ambiental. Como orientación te diré que dos veces a la semana en verano y cada 10 días en invierno, puede ser una práctica correcta. La última palabra, sin embargo, la tiene tu orquídea; no pierdas de vista sus raíces y sus hojas.

  • No es buena idea que la planta esté mojada durante la noche, para evitar proliferación de hongos. Riega o vaporiza mejor por la mañana.
  • Otra consideración importante es no utilizar agua con demasiadas sales minerales o cloro para regar, puede ser perjudicial. Deja reposar el agua del grifo para que pierda el cloro. También puedes utilizar el agua del aire acondicionado.

De vez en cuando, al hidratar es buena idea aportar algo de alimento líquido. Piensa que el sustrato que se emplea para las Phalaenopsis es bastante pobre. Existen abonos especiales para orquídeas que puedes aplicar.  También puedes utilizar otros, pero baja la dosis para no quemar las raíces.

Las flores de la Phalaenopsis son duraderas. Pueden llegar a aguantar un par de meses. Pero llegará un momento en que tendrás que cortar los tallos florales para incentivar la nueva floración.

¿Cómo…? Localiza las yemas de las varas y corta en diagonal justo por encima del segundo nudo contando desde la base.

Si no cortas las varas una vez que se han pasado sus flores, florecerán nuevamente pero lo harán con flores más pequeñas.

Otra posibilidad es que tu Phalaenopsis produzca keikis. Así se llaman los retoños que generan las orquídeas en estos tallos, y son idénticos a la planta madre.

Cuando los keikis han desarrollado suficientes raíces se pueden separar y plantar en otra maceta. Es una técnica muy sencilla con la que puedes multiplicar tus orquídeas.

Ya no tienes excusa… tus orquídeas, a partir de ahora, no deberían de darte problemas.



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